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La gestión el tiempo, en el punto de mira
Los empresarios deben aprender a controlar sus horarios para mantener la productividad sin verse desbordados
Los días deberían durar más de 24 horas. Las manecillas del reloj parecen avanzar demasiado deprisa para muchos emprendedores, para los que la jornada laboral no termina al salir de la oficina. Cuando el trabajo apremia los horarios se desvanecen; prima hacerlo por encima de cuándo o cuánto lleve.
Si bien es cierto que determinadas tareas llevan impreso el sello "para hoy" y no pueden aplazarse, como acabar de repasar unas facturas, quedar con un cliente que se retrasa o ponerse en contacto con un proveedor, también lo es que esta práctica no puede convertirse en la tónica habitual.
Y es que el estrés que ocasiona el verse desbordado por la falta de tiempo, inevitablemente, termina por pasar factura a la salud de empresa y empresario. El agobio mata, poco a poco, la ilusión por el proyecto y el agotamiento resiente la calidad de los resultados.
Una de las fórmulas más eficaces para evitar una situación semejante es gestionar de manera adecuada las horas. Planificar el día a día, llevar una cuenta aproximada de lo que se tarda en hacer cada cosa o prever, en la medida de lo posible, los imprevistos son algunos trucos útiles para luchar contra el estiramiento constante de las jornadas.
La tradicional agenda, ahora evolucionada hacia formatos electrónicos, se mantiene como un aliado imprescindible para organizarse. Un repaso a su contenido al principio del día permitirá tener controladas todas las citas, los proyectos más urgentes, las llamadas pendientes y evitará ir siempre a contrarreloj.
Otro de los pasos fundamentales es tratar de acabar lo que se empieza. El cambio constante de tareas es directamente proporcional a la pérdida de concentración y la creciente sensación de agobio por tener más asuntos sin cerrar.
Asimismo, es importante aprender a concentrar las reuniones en un mismo intervalo de tiempo, al igual que los desplazamientos; por ejemplo, dedicar toda la tarde a visitar a los clientes. De este modo, se puede hacer frente a las temidas horas muertas y su improductividad.
Tampoco deben perderse de vista los tiempos de descanso. Es esencial planificar las paradas, a fin de poder desconectar, de que la mente se relaje. Un café a media mañana, un paseo después de comer o una parada en momentos de máxima tensión se convierten en una gran ayuda para recargarse de energía.
CEEI Castilla y León
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